Decíamos ayer sobre el momento de la música actual… para el caso concreto de la GRAN MÚSICA hoy presentamos en esta exposición algunas muestras que nos acercan a la Tesis que confirma que nos encontramos en el mejor momento en Siglos de Historia. A modo de apéndice sugerimos se visionen diversos videos, comenzando por este gran Artista: y digo, es decir, Paquirrín y «me se saltan las lágrimas».
Su estilo es tipo triunvirato, societario y comunal, con un toque de frenillo en salsa de almendra. Hablamos de un hombre echo a sí mismo a base de fuerza interior y estilismo. Es una mezcla entre «omaita vende cá» y «mantequita colorá» un ejercicio deleite para todos los sentidos.
Un cantante de mucho pedigrí es Sergio Ramos, otrora futbolista de los dos errores, el primero no decir sí a tiempo, el segundo un modo de exposición «type» 153. Una muestra de que se puede ser músico de altas capacidades pero tirarse al barro de lo Mainstream sin que te falte un ápice de cordura.
Las entelequias de su gran fama no han resultado inconveniente para demostrar con una gran canción que la defensa de lo patrio no se defenestra en botellines de fin de semana, sino que puede sostenerse sobre la base de este enorme circunloquio que representa «Cibeles».
Música celestial es el «Rubius-ales», que fuera dicen no sé hasta que punto, machirulo adrede. Yo creo que esta pieza forma parte de la historia de la infamia, es decir, el susodicho señor de los huevos fagocitado en su mismidad. La representación de la supina delicadeza de la GRAN MÚSICA en la que todos nos vemos, de una forma u otra, representados.
Disruptivo y «señalético» hubo un antes y un después de su paso por esta breve composición en Webo Menor.
Antes que otros, Orquesta Platería representó el rigor de la música de barrio, por la defenestración de la cultura del folklore y del tipismo, huyeron del Landismo cuando estaba de moda para presentar una formación innovadora y rebelde.
En el ocaso del franquismo su estilo fue una auténtica revolución siendo precursor de lo que hoy podemos denominar con rigor: paroxismo del tardeo municipal.
Única nota seria a tener en cuenta: honestamente, adoro a la Orquesta Platería por lo que representó, por su música, por el respeto que siento por sus músicos, por la versión de «Pedro Navaja» y porque forma parte de los recuerdos de mi niñez. Y les pido disculpas anticipadas por el uso indiscriminado de esta verborrea que me sirve de excusa para escribir, un desahogo existencial que cubre la necesidad más importante que tiene el hombre contemporáneo, la de no pasar desapercibido.