
Donde esté una buena comida que se haga en una cacerolada, que se quite un robot de cocina, tu echas los ingredientes pero no es lo mismo (gracias por el aporte Princesa).
Sucede lo mismo con la música, no es igual que te lo den todo hecho, que lleguen unos tipos tocando a trote cañón en modo «el ensayo es de cobardes», que encuentres proyectos que resulten diferenciadores, sean por su atención, intencionalidad, por ser música original, da igual que se trate de versiones y/o de homenajes variados y surtidos.
Y como siempre voy a escribir sobre cosas que me gustan, cuando mencionas a alguien expresamente lo haces porque el AMOR también es una forma de conocimiento, amas lo que conoces (lo otro es literatura ficción).
Descubrí a Lord Malvo casi por casualidad, en este modo de trabajo sempiterno que va conmigo, en uno de mis viajes aparecieron tocando en vivo en Radio3. Inmediatamente saltó la alarma, oye ¿y está gente? es que de verdad me parece una banda que en muchos sentidos va contracorriente. La música tiene una factura impecable, se ocupan muchísimo de sus letras, y las voces cuentan con un protagonismo muy especial (un colega muy querido dice que un grupo es el cantante, a mí me gusta decir que en vivo un grupo es un batería y un bajo + guitarra aparente + cantante resultón). Pero con Lord Malvo se dan muchos de los ingredientes para una buena receta.
Y no sé por qué, pese a la diferencia de edad me siento plenamente identificado con su manera de entender la música, por la forma de enfrentar los textos (que pueden resultar incómodos), por provocar cierta forma de reflexión, por inducir de manera poco corriente un acercamiento a lo más básico de nosotros, en el sentido de invocar lo primitivo que hay en todos, aquello que nos hace auténticos.
No puedo evitar, como ellos, escribir frases que me hacen daño, pero esto de hoy hace que uno se sienta orgulloso y feliz de que existan bandas que no se miran únicamente el ombligo y arriesgan, que se alejan con su música del «baile con el hula hoop», que gustan de ser más feliz y menos productivo y son capaces de colocar una frase tremenda en una canción que suene a gloria: Esto es más duro que sentir /La porcelana fría en el culo. Tomen buena nota los inhóspitos de la canción ligera.
En este punto voy a aludir al buen sentido y a la sensibilidad, el hedor se me hace insoportable cuando alguien considera que vas en contra suya si hablas de pachanga, cuando no se atiende a la imagen principal, a las causas y a los buenos principios. Cierta parte de la música en vivo está desplazándose hacia espacios que antes correspondían a la música de Autor y esto, hay que entenderlo, incordia a los creadores, limita la progresión y la inventiva, engulle el proceso de la imaginación y no premia el esfuerzo individual ni colectivo.
Sobre la base de considerar que tiene que haber espacio para todos me limitaré a decir (sin tratar de convencer a nadie), que si usted es capaz de aplicar la salsa correspondiente, aderezar la carne, preparar el adobo, cocerse al dente, camisar el molde, o rebozar la capa de harina, estoy dispuesto a darle mi teléfono para aludidos. Errare humanum est pero es mucho peor ir en contra de tus principios. Dixit.