Comentábamos con un amigo muy querido entre cervezas, que a veces los músicos tenemos una memoria muy frágil. Básicamente ya muchos, entrados en edad, hemos olvidado lo que somos y uso el presente con toda la intención. Estar engrasados no es justificante para ver según qué cosas, que todo el mundo me perdone y esto es una opinión sincera aunque muy particular, con lo otro al final no sabes si vas o si vienes, es decir, no sabes «dónde vas». Y en esto sé de lo que hablo.
Me cuesta y mucho, ya digo, hablar de la música de nadie, no porque no me guste lo que se hace (muchas veces es más bien al contrario) disfruto de casi todo, hasta de las versiones; es que trato de huir de lo que se da en determinado contexto, cada cual tiene su historia personal, a fin de cuentas no somos nadie para opinar acerca de lo que hacen otros pero si somos libres para escribir únicamente de aquello que nos gusta y obviar el resto, por eso me parece de justicia mencionar aquí el nuevo trabajo de «Conde y Los Archiduques».
Escribir sobre Conde siempre entraña cierto pudor, porque sabe uno que no va a estar a la altura, me pasa con muchos otros, pero yo a Los Archiduques los encuentro tan enfocados que no me queda más remedido que hablar de congruencia en estos tiempos en lo que muchas cosas a nivel musical se hacen únicamente por conveniencia. Unos lo llaman taco, otros simplemente quieren venderlo como algo divertido.
Ante este panorama tenemos que celebrar que un grupo de personas se reúnan para formalizar música propia con el único interés de hacer las cosas lo mejor posible, no por beneficio, no buscando la comodidad, sino una satisfacción que encuentro tremendamente complicada de definir, pero voy a intentarlo.
Tal vez la clave esté entre elegir a Poetas sin Memoria o Memoria sin Poetas, en ese caso prefiero lo segundo (bueno, no estoy seguro). La Idealidad, el lirismo, la cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza, que se manifiesta o no por medio del lenguaje. Extraido de RAE.