Orina

No me canso de escribir acerca de lo que cuesta hablar de la música de otros, y más si es una banda de Málaga. Sin embargo (como buen Aries soy pura contradicción) ni paro de hablar ni tengo razones para no hacerlo siempre que sea algo que me guste.

Y es que a Orina, en cuanto los escuché, provocaron en mí una sonrisa enorme, en el mejor de los sentidos, porque amigos antes que la vergüenza de ver a otros bailarines de la otrora pachanga patria están estos haciendo algo que es un golpe en la cara. No es menos cierto que he leído un artículo que los clasifica en un contexto de alguien que no se entera de qué va la película, porque hoy en día te dan un título y escribes, cuando debería ser al revés.

Admiro a los músicos que saben lo que hacen, hay influencias muy obvias, pero tan abiertas que exigen el protagonismo de una escucha detenida, post-punk y una fina irreverencia, adornada de poca pose y mucha autenticidad. En una época de productos prefabricados, de IA, de coñones y pichones donde vayan estos estaré yo, de una forma y otra. Árbitro Hijo de Puta