Día 1 sin Peluso

Apenas andamos por la casa sentimos tu presencia, oímos el cascabel colgado de tu «cuerpito» ya escuálido.

Cada sombra que aparece en cada cuarto parece hacernos sentir que te tenemos cerca, que vas salir de una esquina, como si estuvieras jugando al escondite.

Esta ola que sube desde el estómago al corazón se nos hace eterna, hemos visto a Dios en tus ojos tantas veces!