De Hobbit a Hobby: el principio de no parcialidad

Cada vez más leo a reputados músicos sobre el miedo a sentirse una parodia de sí mismo, una caricatura. Reconozco (con la debida distancia) que yo también siento el «Vértigo» de sentirme un Hobbit, en tanto que ser imaginario.

Hoy se vienen topicazos, empezando por el que profetiza que si tienes un trabajo en el que haces lo que te gusta no trabajas, y su contrario, que advierte que un «hobby» no tiene necesariamente que convertirse en tu trabajo: un entretenimiento puede quedar en eso y no parece haber nada malo en ello.

Hay un principio de no parcialidad en esto, a más injusticia y más particularidad mayor imperfección. Es decir, tratar de ser objetivo e imparcial no es éticamente una cuestión de justicia: la neutralidad es muchas veces una forma de lavarse las manos como Pilatos, no exime de responsabilidad alguna sobre decisiones y hechos.

Y es posible que usted diga ¿de qué habla este idiota moral? Pues hablo de todo lo que se puede hablar, copio literalmente la suerte y extrañeza: «una meditación introspectiva sobre el paso del tiempo, la nostalgia y la esperanza de que los momentos dorados de la vida no sean meramente producto de la suerte y la casualidad», escribo acerca de que «la paz y la prosperidad sean solo un accidente de la historia», murmuro «contra la búsqueda de ideales inalcanzables y la importancia de encontrar significado en el presente».

Cada día que pasa siento la suerte de ver cómo que te quiero, y la extrañeza de que me aceptes.