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Reflexiones· ·2 min de lectura

El brazo incorrupto de Fernando Savater en «El País»

El puño izquierdo en alto es un símbolo reivindicación de algo. No digamos todo el brazo. En 1986 tres amigos fueron a Moscú, uno de ellos pidió a un transeúnte que hiciera una foto, el más hábil alzó su puño izquierdo, mientras los otros dos quedamos retratados alzando el derecho: por eso el primero es profesor en la Universidad y los otros dos seguimos siendo espíritus libres, porque hay que leer más libros y entenderlos mejor. La comprensión de la fotografía no nos exime de nuestra responsabilidad, hay brazos y puños que deben permanecer incorruptos e inamovibles.

Que Savater lleva unos años cambiando de brazo, <<o de puño, según se mire>> es público y notorio, como lo es el hartazgo de los que peinamos canas y hemos vivido otras épocas de mayor libertad y sosiego, tiempos en los que los que eran señalados eran los acólitos y no los libertarios; todo aquello que olía a nafta era desechado por perenne y poco notorio, hoy en día, sin embargo, lo que cuenta es ser fácilmente identificado y clasificable.  Poco importan las ideas pues lo que interesa es la capacidad para hacer uso de ellas sin importar si pueden o no defenderse, o lo que significan. Ahora todo se reduce a, si no estás conmigo, estás contra mí, contra todo lo mío, mis ideas, mi religión y hasta mi familia.

Me cuentan, que en «El País» antes de despedir a Fernando Savater han quedado encantados con el brazo incorrupto, puño izquierdo, alzado sobre una vitrina que no es otra que la de la información veraz, la que importa a mis intereses y favorece mis facultades. Hagamos propio este limbo, es un buen momento para reflexionar sobre la seducción que implica la reflexión del disidente, y lo que se aprende escuchando, y leyendo oiga.